martes, 26 de junio de 2012

Dentro del laberinto

                Tal día como hoy, el 27 de junio de 1986, se estrenaba en Estados Unidos la película Labyrinth (Dentro del Laberinto en España), dirigida por el ya desaparecido Jim Henson. Esta película se ha convertido en una de mis favoritas, no sólo porque tiene la misma edad que yo sino por lo que me transmite cada vez que la veo, con un significado muy especial. Pasad al laberinto y comentadla conmigo.

         Sarah (Jennifer Connelly) es una joven apasionada de los cuentos de hadas y princesas, se pasa el día en casa rodeada de sus libros, sus peluches y sus juguetes. Aunque su padre y su madrastra le piden que madure ella se sigue refugiando en sus historias. Una noche, cuando sus padres están fuera y se ve obligada a cuidar de su hermanito Toby, Sarah se harta y, recitando una línea de su libro favorito, convoca involuntariamente a Jareth, el rey de los goblins, para que se lleve al pequeño. Cuando descubre lo que ha hecho ya es demasiado tarde, pues los goblins pretenden quedarse con Toby. Si Sarah quiere recuperar a su hermano tendrá que atravesar el laberinto de Jareth, enfrentándose a numerosos peligros y encontrándose a numerosos seres fantásticos que la cambiarán para siempre.


Algunas de las criaturas transmiten más que Ryan Reynolds muchos actores
         Con un argumento algo simple pero efectivo, la principal baza de Dentro del Laberinto se encuentra en la magia que desprende la cinta, disfrutable a lo largo de los variados decorados que conforman el laberinto. Todos los personajes del mismo, con excepción de Sarah y Jareth, son marionetas creadas por la Jim Henson´s  Creature Shop. De hecho, la película llevó a cabo varios avances tecnológicos en el mundo de las marionetas para crear criaturas tan entrañables y carismáticas como Ludo o Hoggle. Con este enano, hicieron falta hasta 5 personas para darle vida, incluida una actriz de baja estatura que se encontraba dentro de la marioneta. Brian Henson le daba voz y colaboraba con los otros tres especialistas en dar movimiento a su cara. Tan acostumbrados estamos ahora a ver efectos en 3D o cgi, que se agradece el ver cómo estos seres cobran vida y se encuentran físicamente en pantalla, ayudando a la atmósfera fantástica y ochentera que desprende la cinta y que tanto me encanta. Siguiendo esta atmósfera, la imagen visual del film se compenetra perfectamente con el apartado sonoro y musical. La banda sonora, a cargo del propio David Bowie, ayudan a que escenas musicales como “As the world falls down” o “Magic Dance” permanezcan en nuestra retina y nuestros oídos.
¿Por qué no me miras a la cara Hoggle?
         En el apartado de las actuaciones destaca la jovencísima y guapísima Jennifer Connelly, que transmite perfectamente la inocencia de Sarah, evolucionando desde la mocosa malcriada del principio a la responsable hermana mayor. Como ya dije, casi todos los personajes son marionetas siendo el otro humano David Bowie. Para Jareth, Jim Henson quería a una estrella de rock y se barajó antes a Sting o a Michael Jackson para el papel. Finalmente, el británico fue el elegido para ser el rey de los goblins en un papel que, quitando las mofas sobre su paquetón,  hace suyo a la perfección. Un poco sobreactuado a veces, aunque tampoco es algo que le quede mal al personaje.
         Algunas de las influencias de la película incluyen Alicia en el país de las maravillas, Blancanieves o el mago de Oz, de hecho en la habitación de Sarah se pueden ver algunos de estos libros junto a otros juguetes y posters, supuestamente infantiles. De hecho, una de las cosas que Jim Henson pretendía reflejar con el viaje de Sarah, es el paso de la juventud a la madurez adulta, siendo el laberinto una metáfora de este viaje. A lo largo de la película no para de repetir la frase “¡No es justo!” como si de una niña malcriada se tratase, pero conforme va haciendo nuevos amigos y recopilando experiencias, Sarah comprende que no todo es un camino de rosas y que es necesario crecer y tener algo de seriedad. Esto es algo que se puede apreciar perfectamente en la escena de las señoronas con síndrome de Diógenes que están en esa especie de vertedero al que llega Sarah y a la que pretenden embaucar. Debe tomar una decisión, o se queda en su habitación con sus juguetes, encerrada en su infancia, o sale de ella para asumir sus responsabilidades. Una vez finalizada la aventura y ya de vuelta en casa, Sarah comienza a guardar sus juguetes, pues ya ha tomado una decisión. Pero sin duda lo mejor de todo son sus palabras al despedirse de sus amigos de fantasía, el paso definitivo a su edad adulta. Cuando ellos le dicen adiós, pensando que no volverán a verla (ahora que es adulta), ella les responde:
- No sé por qué, pero en algunos momentos de mi vida y sin ningún motivo en especial, te necesitaré. Os necesitaré a todos.
Sarah con sus amigos del Laberinto
         Dejando como moraleja que aunque estemos trabajando, tengamos responsabilidades y nos encontremos agobiados, siempre habrá sitio para el niño que una vez fuimos y para maravillarnos y divertirnos con las historias de nuestra infancia. Es con esta moraleja final con la que yo me siento más identificado, a veces nos abruman tanto las situaciones de nuestra vida diaria, que olvidamos que una vez fuimos niños y no prestamos la suficiente atención a cómo ellos, los niños, viven el momento, sin preocupaciones del futuro. No estoy diciendo que debamos vivir una vida de desenfreno y sin preocupaciones, pero sí que en determinados momentos es bueno desconectar.
         Ni que decir tiene que recomiendo fervientemente “Dentro del Laberinto” a todo el mundo, ya que por lo menos pasarás un buen rato siguiendo las aventuras de Sarah y sus compañeros a lo largo del laberinto y, una recomendación personal, se disfruta mejor viéndola con un niño, como volví a hacer yo hace poco con mi primo pequeño ^^.
Puntuación: 9

No hay comentarios:

Publicar un comentario